La identidad de La Paternal podría sumar una nueva referencia a una de las figuras más relevantes de su historia cultural. Un proyecto presentado en la Legislatura porteña propone modificar el nombre del tramo de la calle San Blas comprendido entre las avenidas Donato Álvarez y Nazca para que pase a denominarse Raymundo Gleyzer, en homenaje al cineasta, periodista y documentalista desaparecido durante la última dictadura cívico-militar.
La iniciativa fue impulsada por la legisladora de Fuerza por Buenos Aires Bárbara Rossen y plantea trasladar al espacio público el reconocimiento a un artista cuya trayectoria estuvo profundamente vinculada con el barrio. Gleyzer nació en La Paternal y pasó allí buena parte de su vida, antes de desarrollar una carrera que lo convirtió en una referencia del cine documental y político argentino.
El lugar elegido para el homenaje no es casual. El segmento de San Blas que se busca rebautizar se encuentra en la zona donde el realizador creció y comenzó a construir su mirada sobre la realidad social. La propuesta busca, de ese modo, vincular directamente su nombre con el territorio en el que transcurrieron sus primeros años y reforzar una memoria barrial que ya cuenta con otros espacios dedicados a su figura.
Gleyzer desarrolló una obra atravesada por las desigualdades sociales, los conflictos laborales y las tensiones políticas de su época. Su compromiso militante con el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) estuvo acompañado por una concepción del cine como herramienta para mostrar realidades que habitualmente permanecían fuera de las grandes pantallas.
Uno de los episodios destacados de su trayectoria ocurrió en 1966, cuando se convirtió en el primer camarógrafo argentino en filmar en las Islas Malvinas. El material dio origen a una serie documental sobre la vida cotidiana de sus habitantes que fue emitida por Canal 13.
Durante los años siguientes profundizó su experiencia en el cine de intervención política y social. En la década de 1970 creó, junto con otros realizadores, el grupo Cine de la Base, cuyo objetivo era sacar las películas de las salas convencionales y llevarlas a fábricas, sindicatos, barrios y organizaciones populares. La propuesta partía de una idea central: que el cine también podía servir para generar discusión y participación política.
Una obra ligada a la memoria y la denuncia
Entre sus trabajos más reconocidos se encuentra “Los traidores”, estrenada en 1973 y considerada una pieza fundamental del cine político latinoamericano. La película abordó las prácticas y conflictos internos del sindicalismo argentino y se convirtió en una de las expresiones más contundentes de su mirada sobre la política y el mundo del trabajo.
Su filmografía también incluyó producciones realizadas fuera de Argentina. En “La tierra quema”, por ejemplo, retrató las condiciones de extrema pobreza de campesinos del nordeste brasileño. Sus documentales construyeron así un registro de diferentes conflictos sociales de América Latina que, décadas después, continúa siendo objeto de análisis en universidades, escuelas de cine y espacios vinculados con la conservación del patrimonio audiovisual.
La trayectoria de Gleyzer quedó interrumpida el 27 de mayo de 1976, cuando fue secuestrado por un grupo de tareas. Desde entonces permanece desaparecido. Su caso forma parte de la extensa nómina de artistas, periodistas, intelectuales y militantes perseguidos por el terrorismo de Estado.
El proyecto legislativo recupera precisamente esa dimensión histórica y plantea que el homenaje no debería limitarse a una mención institucional. La incorporación de su nombre a una calle pretende convertir la memoria en parte de la vida cotidiana del barrio y acercar su historia a nuevas generaciones.
En ese sentido, la nomenclatura urbana adquiere un significado que excede la simple identificación de una dirección. Los nombres de calles, plazas y paseos funcionan también como referencias sobre aquello que una sociedad decide conservar y transmitir. Para la iniciativa, incorporar a Gleyzer al mapa porteño permitiría mantener visible su legado entre quienes viven, estudian, trabajan o circulan por La Paternal.
El reconocimiento tendría además un componente especialmente significativo para el barrio, que cuenta con una fuerte tradición comunitaria y obrera y que fue lugar de nacimiento o residencia de distintos referentes de la cultura argentina. Gleyzer ya tiene una pequeña plazoleta ubicada en Espinosa y Donato Álvarez, por lo que la eventual modificación de San Blas ampliaría su presencia dentro del entramado urbano de La Paternal.
El expediente deberá atravesar ahora el procedimiento legislativo correspondiente. Al tratarse de una modificación de la nomenclatura de una calle, la propuesta debe ajustarse a las disposiciones de la Constitución de la Ciudad y de la Ley 1.216. El trámite contempla una primera aprobación por parte de la Legislatura, una audiencia pública y posteriormente una segunda votación, instancia necesaria para que el cambio pueda convertirse finalmente en una norma.

