La propuesta reúne café de especialidad y sándwiches de miga en un entorno retro. El espacio funciona como refugio barrial para trabajar, conversar y disfrutar sin prisas.
Café Mar del Plata se presenta en La Paternal como un refugio de identidad clara: una ambientación retro que convive con una carta breve pero contundente, centrada en dos protagonistas: el café de especialidad y los sándwiches de miga de alta calidad. El local respira un aire de barrio donde lo simple se vuelve memorable y donde la experiencia del cliente no se mide por la rapidez sino por la comodidad de quedarse.
El establecimiento, ubicado junto a la casa de Martín Piroyansky, se impuso la misión de no competir con el ruido de los bares modernos sino de aportar una propuesta auténtica. El actor, que también se desempeña como director y guionista, se animó a abrir este espacio junto a su socio Diego Berakha con la idea de conservar el patio y la calidez barrial que caracteriza al vecindario, evitando el crecimiento de edificios que opacen la luz natural.
La idea detrás del café
La visión es clara: volver a llamar al café por su nombre, sin adornos innecesarios. El jefe de barra prepara las bebidas con criterios de especialidad y lenguaje llano, sin “nombres raros” que compliquen la experiencia de pedir. En palabras del propio Piroyansky, el objetivo fue crear un lugar para trabajar con la computadora, sin ritmos acelerados ni exigencias fugitivas: “Armamos un café ideal para ir a trabajar con la computadora. Acá no tenemos una política de echar a la gente, poner música fuerte para que haya más circulación.”
La clave del funcionamiento está en la combinación de prudencia y autenticidad: enchufes suficientes, una buena conectividad y un ambiente en el que uno puede quedarse horas sin sentirse observado. El relato del cofundador deja en claro que la propuesta no es buscar la moda; es rescatar la sencillez de un café de barrio con un toque contemporáneo.
La carta, aunque breve, está cuidadosamente curada. Los sándwiches de miga ocupan el centro de la propuesta, elaborados a diario con insumos de alta calidad y una vuelta de rosca que los distingue. El equipo de cocina, liderado por Martín Sclippa y Stefanía Maiorano, aporta una lectura contemporánea a un formato clásico, incorporando rellenos como jamón crudo con manteca de tomates secos y otras combinaciones que equilibran tradición y novedad.
Entre las delicias también se destaca una torta vasca que llega con salsa de frutillas y que se ha convertido en un clásico de la casa. La intención es ampliar la carta para explorar opciones que complementen la oferta actual, como un flan o sándwiches más contundentes para almuerzo o cena, según se vaya desarrollando el proyecto.
El local también funciona como un punto de encuentro para los amantes de la buena mesa: la misma estructura invita a conversar, a trabajar o a disfrutar de un momento pausado. El equipo mantiene una presencia constante en redes para comunicar horarios y novedades, especialmente en las noches de jueves, cuando la música de DJ crea un cierre distinto a la rutina del resto de la semana.
La propuesta de picadas también forma parte del paisaje: una selección de quesos y fiambres acompañada de una bebida bien fría, perfecta para el vermú o la birra. El surtido se completa con opciones dulces, y las piezas de repostería como chipá y brownies se muestran en vitrina para quien quiera un bocado rápido o un toque más indulgente al salir del trabajo.
Una experiencia gastronómica que invita a quedarse
Los sándwiches de miga se destacan no solo por su apariencia generosa sino por su ejecución fiel a una tradición que muchos asocian con las panaderías de barrio. Opciones como jamón y queso, aceituna, huevo y otros rellenos se presentan en porciones adecuadas para compartir o para una comida ligera, siempre con la idea de realzar el sabor del pan y la frescura de los rellenos.
Para quienes prefieren algo más elaborado, la carta ofrece combinaciones que buscan equilibrar texturas y sabores, con un cuidado especial en la terminación que evita que el relleno se desparrame al primer bocado. El resultado es un sándwich que se siente casero, pero con el pulso de una cafetería de barrio que mira hacia el futuro.
En suma, Café Mar del Plata propone un paseo por la memoria del cafetín porteño, pero sin perder la visión de futuro. Es un lugar para conversar, estudiar o trabajar sin prisas, con la promesa de que cada pedido llega acompañado de un servicio amable y una atmósfera que invita a quedarse. La experiencia se completa con una opción de postre que sorprende, como el sándwich dulce que cierra la visita de manera indulgente.
Con el paso de los meses, el bar de Piroyansky se ha consolidado como un espejo de la identidad de La Paternal: un espacio que honra la tradición del café de barrio y que, al mismo tiempo, ofrece un refugio cómodo para quienes buscan productividad sin renunciar al placer de una buena comida o una buena conversación.

